1 Yozahn

Hesiodo Los Trabajos Y Los Dias Analysis Essay

La aportación de la mujer a la economía de la Grecia Antigua

“Tú que ves y escuchas, óyeme y restablece con justicia las leyes, que yo contaré a Perses cosas verdaderas.”[1]

A lo largo de este artículo se tratará de realizar una lectura de género de Los Trabajos y los Días de Hesíodo, con el objetivo de comprender el papel de la mujer dentro del sistema productivo económico griego. Muchas veces al hablar de estudios históricos desde una perspectiva de género se reciben numerosas críticas desde algunos ámbitos que exponen que las fuentes clásicas no suelen ofrecer información sobre las mujeres. Sin embargo a través de las argumentaciones presentes en este trabajo se observará que esta crítica no es cierta, ya que a menudo se encuentra información valiosa que puede ser completada mediante otras fuentes literarias, artísticas o arqueológicas.

Por ello acompañaremos el esquema del rol de la mujer ofrecido por Hesíodo de otras informaciones obtenidas de fuentes clásicas que pondrán de manifiesto trabajos y comportamientos que no son tenidos en cuenta por Hesíodo, pero sí por otros autores de la Antigüedad.

 La Justicia

El primer problema que nos encontramos a la hora de elaborar este artículo radica en el hecho de que, como la mayor parte de la literatura griega conservada, es una obra escrita por y para un hombre. En este caso particular, Hesíodo escribió esta obra para su hermano Perses y en todo momento se dirige a él. De esta forma, cuando habla de los diversos trabajos que se deben abordar, siempre le otorga a éste la función de realizarlos, sin embargo, mediante la comparación con otras fuentes, se puede establecer una distinción entre los trabajos llevados a cabo por mujeres y hombres. Así mismo, cabe destacar cómo el autor no menciona algunos de los trabajos generalmente desarrollados por las mujeres, ignorándolos y menospreciándolos.

Sin embargo, lo femenino se halla a lo largo de toda la obra, aunque a primera vista pueda parecer que no es así.

Desde los inicios, el texto alberga la presencia femenina, aunque lo haga desde una perspectiva mitológica. De esta forma en el verso 20[2], se pone de relieve el protagonismo de la Éride en el trabajo, diciéndose que “ella despierta para el trabajo incluso al muy holgazán”. La Éride se identifica con la techné, una virtud asociada con la laboriosidad femenina y la artesanía.

También menciona a Deméter en estos primeros versos, al relacionarla con los trabajos agrícolas. Pero esta relación con los trabajos agrícolas no se realiza en relación a la capacidad productora de las mujeres o de esta diosa en particular, sino en relación a su capacidad generadora.

Hesíodo, también menciona a Pandora[3], cuando narra el mito de las edades del hombre. En este relato se nos dice que la actual raza de hombres, sufre el peor de los castigos, que es el tener que trabajar la tierra para sobrevivir. El mito de Pandora, la primera mujer, relaciona ciertos conceptos muy conectados entre sí: mujer, trabajo, vida, castigo y muerte forman un único ente en el que la mujer se vincula a la producción y a la reproducción.

Pandora (1882), Jules Joseph Lefebvre

Si embargo, aún con la presencia de estos mitos femeninos, el autor no mencionará a las mujeres reales hasta mucho mas tarde. De esta forma no será hasta el verso 235 en que se introduce la figura de la mujer y cuando ésta se menciona por primera vez, aparece refiriéndose a la principal función que los griegos le otorgaban, la reproducción. Así, se nos dice que los hombres justos gozan en sus hogares de abundantes recursos y “las mujeres engendran niños”, mientras que para los injustos “las mujeres no engendran hijos, los hogares se aniquilan por la sagacidad de Zeus Olímpico”[4].

La próxima vez que Hesíodo habla de la mujer, se refiere a ella de forma muy crítica, advirtiendo a su hermano de que “no engañe tu mente una mujer de trasero emperifollado, susurrando palabras seductoras mientras busca tu granero; quien confía en una mujer, ese confía en los ladrones”. Observamos así un tratamiento muy crítico de la mujer, refiriéndose a ella como un ser ambicioso y glotón incapaz de administrar un hogar. Esta frase, resulta un gran indicador de lo que podemos esperar de esta obra, pues Hesíodo deja muy clara su opinión sobre las mujeres.

 Los trabajos del campo

En cuanto Hesíodo comienza a hablar de los trabajos del campo destaca en primer lugar el de la siega. Este trabajo no podría ser desarrollado por  mujeres, ya que se escapa del ámbito interno del hogar, por lo que se trataría de un  trabajo masculino.[5]

A continuación el autor expone los primeros pasos a seguir por un hombre: “en primer lugar, procúrate casa, mujer y buey de trabajo [mujer no casada, adquirida, que incluso siga a los bueyes]”[6]

A mi entender, en este fragmento, el autor está definiendo la unidad productiva por excelencia del mundo griego, el oikos. El oikos, es la unidad de producción fundamental constituida en torno a la casa griega. En cierto sentido, podría entenderse como el ámbito natural de las mujeres, pues podría concebirse como la casa y la familia; pero oikos, tiene muchas otras connotaciones más, pues constituía una unidad de reproducción y producción. El oikos estaba constituido por una serie de características externas y otras internas, mientras que las funciones exteriores eran desempeñadas por los hombres, las internas eran desarrolladas por las mujeres[7].

De esta forma, en el oikos, estas dos esferas[8] no pueden concebirse de forma aislada, pues ambas se necesitan y se complementan mutuamente.

Así mismo, esta unidad, no representa únicamente un ente de producción y consumo, sino que otro factor fundamental para su funcionamiento lo constituye el reproductor. Por tanto, las mujeres llevarán a cabo tareas productivas, de producción de trabajos manuales (sobre todo en el ámbito textil), de mantenimiento y de reproducción. Se observa así que el papel femenino en el esquema productivo de la economía griega es fundamental, a pesar de que Hesíodo parezca ignorarlo en su obra, centrándose únicamente en los trabajos a desarrollar en el ámbito exterior del oikos.

Otoño

El primer trabajo encomendado al hombre en estos momentos es el de latalla. Parece ser que se trataba éste de un trabajo exclusivamente masculino. Sin embargo cabe resaltar que el primer trabajo de talla que un hombre debía realizar era la creación de un mortero y una maja[9], incluso antes de tallar algunas partes fundamentales de un carro o un arado. Esto pone de relieve la importancia que en el mundo griego tenía la elaboración de la harina y del pan, que pocos versos más adelante se vuelve a poner de relieve al explicitar el tipo de pan con el que debe alimentarse a un hombre para realizar los trabajos de arado: “Deberá seguir a éstos un hombre fuerte de unos cuarenta años, después de desayunar un pan de cuatro partes y ocho porciones.”[10]

Sin embargo, el autor evita explicar quienes eran los encargados de esa labor de moler el grano, amasar el pan y cocerlo, labores éstas destinadas a las mujeres que molían el grano valiéndose de molinos de mano o de morteros.[11]La harina era amasada en una artesa y más tarde se cocía el pan en un horno de leña. En la mayoría de las casas se amasaba el pan para su autoabastecimiento, aunque en las casas más adineradas no era una función de la dueña de la casa, sino de las esclavas. A partir del siglo V, en Atenas y otras ciudades, se constata la presencia de algunas mujeres que trabajaban como panaderas, seguramente se trataría de mujeres libres que vendían sus productos en el mercado, pudiendo tener sus propios hornos y tiendas.[12] Esto es una muestra de cómo, en el mundo griego, podía darse el caso de que algunas mujeres podían enriquecerse con sus actividades comerciales, pero eran excepciones, pues aunque podían dedicarse a vender sus propios productos, esa situación era considerada como la más degradante de todas para una mujer.[13]

En este momento resulta de gran importancia distinguir entre las distintas clases sociales. Los atenienses pobres, que no disponían más que de una reducida vivienda y necesitaban otro tipo de ingresos que los que generaba su propia casa, permitían salir a las mujeres con más facilidad. “Éstas, por otra parte, estaban obligadas a menudo a trabajar para ayudar a la subsistencia familiar: sabemos que muchas de ellas eran revendedoras en el mercado”[14]

El resto de los trabajos a realizar en otoño narrados por Hesíodo, serán tareas desempeñadas por hombres, pues son labores relacionadas con la siega y la labranza. A pesar de que las mujeres no podían dedicarse a este tipo de trabajos del campo, por hallarse circunscritas a su hogar, existían ciertas tareas agrícolas que sí podían realizar dentro de un recinto cerrado o huerto, como los cultivos de legumbres y árboles frutales. De esta forma las mujeres podían recolectar algunos productos como granadas, nueces, legumbres, higos, manzanas,…pues “si no el cultivo, sí la recolección y administración de los productos hortofrutícolas, se hallaba sobre todo en manos de mujeres.”[15]

También ha sido constatada arqueológicamente la elaboración de miel en los huertos griegos y parece ser que parte de estas tareas podrían ser realizadas por las mujeres. Además parece que las mujeres podrían haber llevado a cabo algunas funciones avicultoras en el patio interior de la casa donde podían tener un pequeño corral.

Invierno

El autor, previene a su hermano, de cómo antes de la llegada de esta estación deben llevarse a cabo algunos trabajos para resguardarse del frío. Así, Hesíodo le advierte de que “estando aún mediado el verano, enseña a tus esclavos: “no siempre será verano, haceos cabañas”[16] El hombre debe enseñar a sus esclavos a construir cabañas, una tarea eminentemente masculina, la construcción de viviendas. Pero tal como el hombre debe enseñar a los esclavos, una misión fundamental de la mujer es enseñar a sus esclavas, sobre todo en relación a los trabajos domésticos y textiles cuyo estudio se abordará más adelante. Así, la esposa se encargaba de enseñar a las esclavas que no supieran hilar, doblando (de este modo) su valor, o de convertir en criada capaz, leal, eficiente y valiosa a una que no supiera administrar ni servir.

Más adelante, en el verso 537, el autor acomete la descripción de unos trabajos, que a pesar de que otorga su realización a su hermano, son trabajos que sabemos que eran realizados por las mujeres:

En ese momento ponte como protección en la piel, según te aconsejo, un manto suave y una túnica hasta los pies. En poca trama tejemucha lana, póntela en derredor para que el vello permanezca inmóvil y no se erice poniéndose tieso en el cuerpo; en torno a tus pies calza ajustadas sandalias de buey muerto con violencia, guarneciéndolos con pelos dentro y, cuando llegue la estación del frío, cose con piel de buey las pieles de cabritos primogénitos, para colocarlas sobre la espalda, como abrigo de la lluvia, y sobre la cabeza coloca un gorro trabajado con arte, para que no se mojen las orejas. “[17]

Si pudiésemos hablar de una tarea femenina por excelencia en el mundo griego, nos referiríamos sin duda a los trabajos textiles de todo tipo. Las mujeres griegas eran las encargadas de realizar los vestidos, tapices, ropa de cama,…La mayor parte de los tejidos era realizada con lana[18]. Los hombres eran los encargados de esquilar las ovejas[19], y a continuación las mujeres lavaban esa lana con agua caliente y otros productos y más tarde la ponían a secar al sol.

El trabajo de la lana contaba de varias fases. En primer lugar debía cardarse la lana, que era estirada y peinada sobre las piernas o rodillas, usando en ocasiones un protector o epínetron. A continuación, para el hilado se usaba la rueca y el huso; que estaban conformados por un bastón rematado en un extremo por un gancho y en el otro por unas torteras o fusayolas. A continuación la lana era enrollada en la rueca. Todas estas acciones pueden observarse en las representaciones iconográficas legadas por los artistas griegos en las pinturas de las cerámicas.

La proliferación de restos arqueológicos relacionados con los telares hace suponer que en cada casa habría un telar, pues no hay que olvidar que esa era una de las funciones encomendada a las mujeres.

“Probablemente estos instrumentos eran aportados por la esposa al matrimonio y, como la dote, de la que podían formar parte, no fueron nunca propiedad del marido. No obstante, este trabajo era dependiente de lo que aportaban los varones desde fuera. La lana de las ovejas de la hacienda como si era adquirida en bruto en el mercado, era traída por los hombres. Es la simbología que encierran los vasos en que un hombre ofrece un cesto de lana a la mujer, indicando la división de papeles: los hombres aportan los bienes de fuera, que las mujeres trabajan dentro”.[20]

Durante la crisis del siglo IV, muchas mujeres se vieron obligadas a vender sus tejidos en el mercado y  muchas de ellas debieron obligarse a trabajar como empleadas asalariadas en estas cuestiones por lo que este trabajo normalmente vinculado a lo doméstico adquirió una nueva dimensión y algunos hombres empezaron a participar en estas labores, tratándose tanto de esclavos como de hombres libres, pero las trabajadoras siguieron siendo mayoritariamente mujeres. Con la incorporación de los hombres a estos trabajos, estas labores adquirieron una nueva dimensión, recibiendo una valoración algo más positiva y elevándose de categoría. 

.

Primavera

A esta estación dedica el autor muy poco espacio, centrándose en los trabajos vinculados a la siega excluyendo a la mujer de cualquier tipo de participación en la misma.

Verano

Es en este apartado cuando, de nuevo, Hesíodo habla sobre los diversos alimentos de los que un hombre puede gozar. E autor considera que en este estación los hombres se merecen descansar y gozar de ciertos placeres, ya que han estado trabajando durante el resto del año: “Ojala haya una sombría roca, vino biblino, un pan bien amasado, leche de cabras que hayan dejado de criar y carne de ternera alimentada en los bosques aún no parida y de tiernos cabritos. Bebe además, vino rojizo sentado en la sombra, habiendo sazado el corazón a gusto, vuelto el rostro frente al refrescante Céfiro; y de una fuente que corra y se desborde, de agua limpia, derrama tres partes de agua y echa la cuarta de vino”[21]

Cabe destacar que en ningún momento establece que las mujeres tengan derecho a un descanso de este tipo, pues no cabe olvidar que para Hesíodo, la mujer no realiza ningún trabajo. Además a pesar de que dedica estos versos a hablar de los diversos alimentos, en ningún momento menciona los importantes trabajos de conservación de los mismos, un trabajo llevado a cabo por las mujeres.

Los trabajos de elaboración del pan ya han sido comentados, pero no eran éstos los únicos que realizaba. En los hogares de pescadores, sobre todo en las islas, la conservación del pescado era una tarea femenina. La poetisa Erina, establece cómo en la isla de Telos, las niñas ayudaban a su madre con la salazón del pescado. La elaboración del aceite y del vino, aunque eran labores masculinas, se continuaban con su conservación. Eran las mujeres las encargadas de administrar y conservar los alimentos, garantizando que la casa gozase durante todo el año de alimentos sanos que consumir.

En el apartado siguiente, Hesíodo menciona numerosas veces la importancia de cuando deben abrirse las tinajas de alimentos y bebidas. Aunque, de nuevo, Hesíodo otorga estas funciones a su hermano, y no a las mujeres. Así mismo, cuando habla de la necesidad de añadir al vino agua fresca, tampoco explicita de dónde se saca dicha agua. Una característica admirable en una mujer en la Grecia Antigua era que estuviese levantada antes del amanecer, sobre todo en las mujeres que debían acudir a las fuentes para el abastecimiento de agua diario.[22] Parece ser que en las casas más adineradas esta tarea recaía en las esclavas, pues resultaba “demasiado peligroso” permitir a las mujeres salir de casa e ir a la fuente, donde podrían relacionarse con otras mujeres u otros hombres[23].

Consejos diversos

En este apartado Hesíodo dedica unas líneas a la búsqueda de esposa, y en éstas se pone de relieve que la mujer se concibe como un mero objeto. De esta forma Hesíodo explicita la edad apropiada para tomar mujer, y cómo esta debe aprender de su esposo.

Obviamente, todas estas indicaciones se refieren a la búsqueda de una mujer fértil y capaz de gobernar una casa. Un trabajo fundamental para las mujeres radicaba en el hecho de cuidar y criar a los hijos y esclavos, pues no hay que olvidar que el oikos era una unidad productiva y reproductiva.

La higiene y el aseo de los miembros de la familia eran responsabilidad de las mujeres, así como la salud de la familia, cuando no se recurría a un médico. Algunas mujeres trabajaban como enfermeras o comadronas[24], pues muchas veces, por pudor, las mujeres dudaban en acudir al médico.

Puede parecer extraño incluir estos trabajos dentro de la producción económica, pero en realidad son unos trabajos fundamentales. Mediante el cuidado de enfermos, la introducción de medidas higiénicas y la reproducción, las mujeres aseguraban el buen funcionamiento del oikos. Así, cuidaban, curaban y alimentaban a los trabajadores y los niños que traían al mundo, cuidaban y educaban, aseguraban la continuación y supervivencia del oikos.

Sin embargo Hesíodo no valora en su obra este tipo de trabajo, como ningún otro de los trabajos femeninos, y de hecho, no será hasta el verso 779, prácticamente al final del relato, que Hesíodo establezca por primera vez un trabajo en el que se explicita que debe ser realizado por las mujeres. Se trata por supuesto del trabajo textil: “(…) la mujer disponga de su telar y dispóngase manos a la obra”[25]

Como se ha podido observar, el trabajo de las mujeres era un importante factor dentro del funcionamiento del oikos, en el que las actividades internas se correspondían con las externas. Sin embargo, en Los Trabajos y los Días, Hesíodo apenas menciona estas labores, relegándolas a un plano prácticamente inexistente, pues sus trabajos únicamente se pueden intuir mediante la comparación con otras fuentes literarias y con la iconografía griega.

Me gustaría resaltar que Hesíodo sólo menciona el trabajo de la mujer muy al final del escrito, y atribuyéndole una labor, que anteriormente ya había citado, pero que en ningún momento había puesto en relación con la mujer.

En otras fuentes literarias se señalan de forma más precisa las labores de las mujeres. Un buen ejemplo de esto se encontraría en la obra de Jenofonte, donde señala, a través de los consejos de Iscómaco a su esposa, las ocupaciones diarias de un ama de casa modelo:

Tú tendrás que estar dentro de la casa, despachar afuera los esclavos cuyo trabajo esté en el exterior, vigilar a los que tienen que trabajar dentro, recibir las mercancías que entren, repartir lo que haya que gastar y preveer y cuidar que el presupuesto aprobado para un año no se gaste en un mes. Y cuando traigan lana, tienes que preocuparte de que se hagan vestido a los que los necesiten, también tienes que procurar que el grano seco se conserve para que se pueda comer bien. Tal vez una de las cosas que te incumben te parecerá poco grata: que si se pone enfermo uno de los esclavos, tienes que procurar por todos los medios que se cure. […]

Entonces yo le aconsejé que no estuviera siempre sentada como una esclava, sino que procurara con la ayuda de los dioses atender el telar como una señora, para enseñar lo que supiera mejor que otras y aprender lo que peor supiera, vigilar a la panadera, presenciar los repartos de la despensera, comprobar, recorriendo la casa, si todo estaba donde tenía que estar. Ésta me parecía que era al mismo tiempo su ocupación y su paseo. También le dije que era un buen ejercicio humedecer y amasar la harina, sacudir y plegar los vestidos y las mantas. Le dije que con estos ejercicios comería más a gusto, gozaría de mejor salud y más aparentaría color natural. También el aspecto del ama cuando deja deslucido el de las criadas, por ser más lozano y vestir de manera más recatada, es estimulante, sobre todo cuando ella desea también complacer, en vez de someterse a la fuerza como las esclavas. Las mujeres que están siempre sentadas con afectación, ellas mismas se prestan a ser juzgadas entre las engalanadas y las engañosas.”[26]

Jenofonte, ha sido considerado como uno de los autores clásicos que más ha valorado el trabajo femenino. Si se compara este fragmento con los Trabajos y los Días, en principio puede parecer así, pero una lectura atenta, pone de manifiesto como Jenofonte considera el trabajo femenino como un mero entretenimiento de la mujer y no como el verdadero trabajo que es, una parte imprescindible para el correcto funcionamiento del oikos.

Portada: Woman at Laver, Sharon Mollerus

[1] HESÍODO (ed. MARTÍN SÁNCHEZ, A. y MARTÍN SÁNCHEZ, M.A.): Teogonía, Trabajos y días, Escudo, Certamen. Alianza Editorial. Madrid. 2007. p.74

[3] Estableciendo uno de sus atributos fundamentales, el de tejedora, un arte que le sería enseñado por la mismísima Atenea y que resultaría ser el trabajo femenino por excelencia.

[4] HESÍODO: Op. cit. p. 87

[5] Algunos autores contemporáneos opinan que esto sólo ocurriría en teoría, pues en las casas más pobres y en los ambientes rurales, parece lógico que las mujeres tuviesen que ayudar en estas labores típicamente masculinas, aunque no existen fuentes que corroboren estas teorías.

[7] En esta concepción bipolar del mundo, “los oficios manuales llevados a cabo por varones bajo techo son menospreciados, al igual que lo son las mujeres del mercado” MIRÓN PÉREZ, M. D.: “La casa griega Antigua: género, espacio y trabajo en los ámbitos domésticos” en SÁNCHEZ ROMERO, M..: Arqueología y género. Universidad de Granada. Granada. 2005. p. 338

[8] Externa-hombre e interna-mujer.

[9] “Corta un mortero de tres pies, una maja de tres codos y un eje de siete pies (…). Corta un eje de tres palmos para un carro de diez manos y muchos maderos curvos.” HESÍODOO: Op. cit. p. 96

[11] Son muchas las representaciones de mujeres moliendo y amasando pan en algunas terracotas.

[12] MIRÓN PÉREZ, M. D.: “Tiempo de mujeres, tiempo de hombres: género, ocio y trabajo en la Grecia Antigua” en Arenal 8:1. 2006. p.274

[13] Un ejemplo de ello lo encontramos en la obra de Demóstenes, contra Euboulides, 30-6, en que se narra cómo un hijo sale en defensa de su madre, una mujer libre que vendía cintas en el mercado. AUSTIN, A. y VIDAL-NAQUET, P.: Economic and social history of ancient Greece: an introduction. University of California Press. California. 1977. p.177

[14] FLACELIÈRE, R.: La vida cotidiana en Grecia en el siglo de Pericles. Temas de Hoy. Madrid. 1989. p. 90

[15] MIRÓN PÉREZ, M. D.: Op. cit. p. 275

[16] HESÍODO: Op. cit. p100

[18] También el lino se trabajaba, por la necesidad de tener ropa fina, y aunque tuviese más participación externa, parece que las mujeres lo trabajaban en ese mismo ámbito doméstico.

[19] De nuevo, se observa aquí esa relación complementaria de los ámbitos interno y externo del oikos, que no pueden sobrevivir de forma aislada.

[20] MIRÓN PÉREZ, M. D.: Op. cit. p.274

[21] HESÍODO: Op. cit. p.104

[22] MIRÓN PÉREZ, M. D.: “Los trabajos de las mujeres y la economía de las unidades domesticas en la Grecia clásica” en Complutum, vol. 18. 2007. p.17

[23] El mismo “peligro” corrían las mujeres que acudían a trabajar al mercado.

[24] Según algunas fuentes las mujeres en Grecia no podían iniciarse en los misterios de las Artes, pero por otro lado, hay testimonios de mujeres médico como Agnódice, que tuvo que cortarse el pelo y vestirse de varón para poder estudiar con Herófilo, pero que más tarde fue reconocida por su labor y de Agámede, aunque ellas no fueron las únicas. DARRIBA RODRÍQUEZ, P.: “Mitología, medicina y enfermería en la Grecia Antigua” en Cultura de los cuidados, Nº 5. 1999. p.36

[25] HESÍODO: Op. cit. p. 112

[26] JENOFONTE (trad. ZARAGOZA, J.): Económico. Gredos. Madrid. 1993.

Belén Iglesias Martínez

Licenciada en Historia e Historia del Arte por la Universidad de Oviedo. Especializada en Museología. Experta en Filología Asturiana. Graduada en Antropología Social y Cultural por la UNED (Cursando)

Los Trabajos y los días (en griego antiguo Ἔργα καὶ Ἡμέραι, referida a veces por el nombre latinoOpera et Dies) es un poema de unos 828 versos escrito por Hesíodo en torno al 700 a. C.

Contenido[editar]

La obra está compuesta a partir de géneros poéticos preexistentes que la tradición oral griega había incorporado del mundo oriental: sobre todo, variantes del "catálogo" (cuyo ejemplo homérico es el canto II de la Ilíada): los "calendarios" y los "días"; y de colecciones de consejos, instrucciones y proverbios (como el Ahikar asirio).[1]​ La organización es, comparada con la Teogonía, menos clara, y no se vertebra cronológicamente (aunque los bloques de calendarios agrícolas y de navegación internamente respetan una cronología), sino temáticamente. Las colecciones de proverbios incluyen fábulas, símiles y mitos.[2]

El poema gira en torno a dos verdades generales: el trabajo es el destino universal del hombre, pero sólo quien esté dispuesto a trabajar podrá con él. Los estudiosos han interpretado esta obra en el contexto de una crisis agraria en el continente griego, que inspiró una ola de colonizaciones en busca de nuevas tierras.[3]

Esta obra muestra las cinco Edades del Hombre, además de contener consejo y sabiduría, prescribiendo una vida de honesto trabajo y atacando la ociosidad y a los jueces injustos (como los que decidieron a favor de Perses), así como la práctica de la usura. Describe a los inmortales que vagan por la tierra vigilando la justicia y la injusticia.[4]​ El poema considera el trabajo como origen de todo el bien, pues tanto hombres como dioses odian a los holgazanes, que parecen zánganos en una colmena.[5]

Notas[editar]

  1. ↑Rodríguez Adrados, «La composición de los poemas hesiódicos», p. 203ss.
  2. ↑Rodríguez Adrados, «La composición de los poemas hesiódicos», p. 214ss.
  3. ↑Espinosa Alarcón,Andrés y Pérez Iriarte, José Luis. Las formas políticas de la Grecia arcaica a la luz de los factores socio-económicos en CONVIVIUM, Any: 1965 Núm.: 19-20 pág. 117. http://www.raco.cat/index.php/Convivium/article/view/76271/99079
  4. ↑Hesíodo, Las obras y los días, Canto III, 250: «Sobre la tierra mantenedora de muchos hay treinta mil Inmortales de Zeus que guardan a los hombres mortales; y envueltos de aire, corren acá y allá sobre la tierra observando los juicios equitativos y las malas acciones.»
  5. ↑Hesíodo, Las obras y los días, 300: «Los Dioses y los hombres odian igualmente al que vive sin hacer nada, semejante a los zánganos, que carecen de aguijón y que, sin trabajar por su cuenta, devoran el trabajo de las abejas.»

Bibliografía[editar]

Ediciones y traducciones[editar]

  • Friedrich Solmsen, R. Merkelbach et M. L. West (Ediderunt) (1970). Hesiodi Theogonia; Opera et dies; Scutum; Fragmenta selecta(en griego). Oxford: Oxford University Press. ISBN 978-0-19-814071-9
  • Paul Mazon (Ed. y trad.) (1928). Hésiode Théogonie; Les travaux et les jours; Le bouclier(en griego/francés). Paris: Les Belles Lettres. ISBN 2-251-00152-2
  • Paola Vianello de Córdova (1979). ΗΣΙΟΔΟΥ ΕΡΓΑ ΚΑΙ ΗΕΜΕΡΑΙ, Hesiodo: Los trabajos y los Días(en griego/español). México, D. F.: UNAM. ISBN 968-58-2543-2
  • Hesíodo (2007). Teogonía. Trabajos y días. Escudo. Certamen. Buenos Aires: Editorial Losada. ISBN 978-950-03-9420-8
    — (1997). Obras y fragmentos: Teogonía. Trabajos y días. Escudo. Fragmentos. Certamen. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-3517-7

Estudios[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Comienzo de Trabajos y días (folio 3Av/4Ar).

Leave a Comment

(0 Comments)

Your email address will not be published. Required fields are marked *